Las células que nunca se fueron: el lado silencioso del cáncer

Agencias.-

El cáncer continúa siendo una de las enfermedades más complejas y desafiantes para la medicina moderna. A pesar de los enormes avances que han existido en el diagnóstico, tratamiento y comprensión molecular de la enfermedad, todavía existen múltiples aspectos de su comportamiento que no se comprenden por completo. Durante muchos años, el cáncer fue entendido principalmente como una enfermedad asociada al crecimiento continuo de un tumor visible. Sin embargo, investigaciones recientes han comenzado a mostrar una realidad mucho más dinámica y compleja, algunas células tumorales pueden permanecer vivas dentro del organismo durante años en un estado de aparente silencio.

Estas células no producen síntomas, no forman tumores detectables y en muchos casos pasan desapercibidas para los estudios convencionales utilizados en la practica clínica. A pesar de ello, continúan presentes en el cuerpo, sobreviviendo en condiciones que normalmente serian hostiles para otras células. Este fenómeno ha comenzado a cambiar la forma en que entendemos la progresión del cancer y podría ayudar a explicar por qué algunos pacientes presentan recaídas incluso muchos años después de haber recibido tratamiento.

Tradicionalmente, la metástasis se comprendía como un proceso relativamente directo, el tumor crecía, algunas células desprendían, viajaba a través del organismo y rápidamente comenzaban a formar nuevos tumores en otros órganos. Bajo esta idea, la progresión del cáncer parecía seguir una secuencia continua y constante. Sin embargo, actualmente se sabe que este proceso puede ser mucho más lento, silencioso y complejo de lo que se pensaba.

Las llamadas células tumorales diseminadas (DTCs, por sus siglas en inglés) son células capaces de desprenderse del tumor primario y viajar a través de la sangre o del sistema linfático hacia otros tejidos del cuerpo. Lo sorprendente es que muchas de estas células no generan metástasis de inmediato. Después de llegar a órganos como pulmón, hígado, médula ósea o cerebro, algunas pueden permanecer durante años en un estado de baja actividad biológica, prácticamente “ocultas”.

La manera en que estas células logran sobrevivir ha llamado especialmente la atención de los investigadores. En lugar de dividirse constantemente, reducen su proliferación y modifican su metabolismo para adaptarse a condiciones adversas, como la falta de nutrientes, la baja oxigenación o la presión ejercida por el sistema inmune. De cierta manera, estas células parecen entrar en una especie de “modo de espera”, una estrategia biológica que les permite resistir ambientes poco favorables para crecer.

Este comportamiento también refleja una de las características más importantes del cáncer: la heterogeneidad tumoral. No todas las células cancerosas se comportan igual. Mientras algunas proliferan rápidamente y forman tumores visibles, otras desarrollan mecanismos de adaptación y supervivencia que les permiten permanecer en silencio durante largos periodos. Esta capacidad adaptativa es una de las razones por las que el cáncer continúa siendo tan difícil de erradicar completamente.

Otro aspecto fundamental en este proceso es el microambiente tumoral. Las células cancerosas no viven aisladas; interactúan continuamente con otras células, vasos sanguíneos, moléculas inflamatorias y estructuras del tejido que las rodea. Este entorno influye directamente en el comportamiento de las células tumorales y puede favorecer tanto su supervivencia como su reactivación.

Dependiendo de las señales que reciban del tejido donde se encuentran, las células tumorales pueden morir, permanecer dormidas o volver a activarse. Factores como inflamación crónica, daño tisular, envejecimiento o alteraciones metabólicas podrían modificar este equilibrio y favorecer que las células “despierten” nuevamente. Cuando esto ocurre, las células retoman su proliferación y pueden originar recaídas o metástasis años después del tratamiento inicial.

El sistema inmune también desempeña un papel importante en este fenómeno. Durante mucho tiempo se pensó que el sistema inmune elimina completamente a las células tumorales o, en caso contrario, simplemente fracasa en hacerlo. Sin embargo, investigaciones recientes han mostrado que la relación entre el cáncer y el sistema inmune es mucho más compleja. En algunos casos, el sistema inmune puede mantener controladas a ciertas células tumorales sin destruirlas totalmente. En este estado de equilibrio, las células permanecen vivas, pero limitadas en su crecimiento, fenómeno conocido como dormancia inmunológica.

Esta visión ha cambiado profundamente la manera en que se entiende el cáncer. Hoy sabemos que la enfermedad no siempre depende únicamente de tumores visibles o de un crecimiento constante. Algunas células tumorales pueden adaptarse, sobrevivir en silencio y permanecer ocultas durante años antes de volver a activarse. Más que una enfermedad estática, el cáncer comienza a entenderse como un proceso dinámico en el que las células desarrollan distintas estrategias para sobrevivir dentro del organismo.

Comprender cómo ocurre la dormancia tumoral podría ser clave para explicar por qué algunos cánceres reaparecen después de largos periodos de aparente remisión. Además, este conocimiento podría abrir nuevas posibilidades para el desarrollo de tratamientos dirigidos no solo a eliminar tumores visibles, sino también a impedir que estas células ocultas vuelvan a activarse en el futuro.

Referencias:

·   Phan TG, Croucher PI. Tracking dormant disseminated tumour cells. Nat Rev Cancer. 2022;22(10):581-598. doi:10.1038/s41568-022-00480-3.

·       Aguirre-Ghiso JA. Models, mechanisms and clinical evidence for cancer dormancy. Nat Rev Cancer. 2007;7(11):834-846. doi:10.1038/nrc2256.

·       Tumor dormancy and relapse: molecular mechanisms and therapeutic opportunities. Front Cell Dev Biol. 2025;13:1484865. doi:10.3389/fcell.2025.1484865.